lunes, 10 de febrero de 2020

El Valor del Signo


El título que escogí para este artículo responde al evangelio del II domingo ordinario. En él se presenta a Juan Bautista como el que señala y muestra al “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Juan es un signo sensible; su misión es indicar, mostrar y llevar a Jesús. En ese mismo sentido considero que todo bautizado ha de convertirse en signo que muestre y conduzca a Jesús.

Teniendo como trasfondo esta imagen del signo, desearía hacer varias consideraciones: Un signo o una señal que nos muestra el camino hacia dónde queremos ir con el tiempo se deteriora; el agua y el sol lo opacan. Cuando vamos en la carretera vemos esas señales descoloridas y confusas; no se distinguen bien las letras y a veces confunden. Algo así ocurre con los cristianos que no se preocupan por mantener el alma limpia y reluciente, por quienes se dejan opacar por el tedio o la monotonía espiritual.

A veces confunden su falta de claridad. Parecieran estar en dos aguas; se va creando en ellos una mezcla de religiones y supersticiones que terminan por no saber a cuál pertenecen. Para ellos da lo mismo asistir a Misa que hacerse una “limpieza” o consultarse con el brujo de turno.

También ocurre con frecuencia que esas señales se mueven por el viento o por choques y terminan señalando a una dirección contraria a la que deberían. Igual ocurre con aquellos cristianos que, por llevar una vida espiritual mediocre, no indican ni señalan hacia Jesucristo, sino conducen al demonio pues alejan de Dios a quienes se dejan guiar por ellos. Son quienes se empecinan en vivir inmersos en el mal y la superstición, la impiedad y la maldad.

Ya no tanto entre los cristianos de a pie, sino entre los pastores, ocurre que en vez de conducir a Cristo, conducen hacia a sí mismos. Es decir, se convierten en el centro del mensaje desplazando o tomando así el lugar de Dios. Se convierten en showman y la gente se confunde pensando que como es un “hombre de Dios” no está mal el seguirlos. No debemos seguir hombres en este mundo. Hay una expresión fuerte del Antiguo Testamento del profeta Jeremías: “Maldito el hombre que confíe en el hombre” (Jr. 17,5) hace alusión a quienes endiosan a otros.

Siguiendo con la imagen de la flecha que indica el camino…, quisiera hacer notar que esos signos jamás llegan al lugar al cual señalan. Es curioso que muchos lleguen a su destino gracias a la ayuda de esos signos que nos muestran hacia dónde ir, pero que ellos mismos no conocen el lugar hacia el cual conducen. Eso me hace pensar en los cristianos que muestran el camino a Cristo, pero que ellos jamás le han conocido porque de lo contrario no vivirían en tinieblas.

Existen padres que se “preocupan” porque sus hijos vayan al templo o asistan a misa, pero ellos se quedan en casa. Si hay algo que caracteriza al signo cristiano es la eficacia y el testimonio. El verdadero cristiano habla de lo que ha experimentado, más de lo que ha oído de otros.

Seamos pues signos de Cristo vivo. Cuando preguntamos de qué signos somos no dudamos en responder sobre nuestro signo zodiacal, pero pocos dicen: “Yo soy signo de que Cristo vive en este mundo¨. Esta es la respuesta cristiana para aquella pregunta. Seamos signos de la presencia de Cristo en este mundo.

Pbro. David Trujillo

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