sábado, 31 de marzo de 2018

La Resurrección de Cristo: la resurrección del amor.


Es domingo en la mañana, las mujeres se han levantado temprano para ir al sepulcro y ungir el cuerpo de Jesús con los oleos, ya que no habían podido hacerlo el viernes por la premura con la que tuvieron que llevar a Jesús al sepulcro.

Pero la sorpresa ha sido grande, la piedra que cerraba el sepulcro está movida y el cuerpo de Jesús no está, sólo están las vendas que lo cubrían. ¿Qué ha pasado? Jesucristo ha resucitado. (Mc. 16, 1-7)

Esta noticia, tan difícil de creer y comprender en su momento, se ha convertido en el fundamento central de nuestra fe. Es la esencia del kerigma cristiano: Jesús, el Hijo de Dios, que se ha encarnado entre los hombres, ha muerto por nuestros pecados y ha resucitado por nuestra salvación.

Jesús, el Hijo de Dios, ha asumido la naturaleza humana en todo menos en el pecado, pero aun así ha cargado sobre sus hombros la carga de los pecados de la humanidad para con su sacrificio obtener el perdón del Padre para nosotros.

Ese mismo Jesús, que colgó del madero, ha vuelto a la vida, pero no a una vida terrenal. Ha logrado vencer a la muerte, trascenderla para volver glorificado junto al Padre.

Con su resurrección, Jesucristo nos abre las puertas de la vida eterna. Una nueva vida que trasciende lo terrenal y que nos coloca en cercanía con el Padre. Ciertamente es un camino al cual estamos llamados, una vida que va más allá de nuestra comprensión y que corresponde al plano escatológico.

Pero esa nueva vida aunque trasciende a la terrenal no prescinde de ella. Jesús ha muerto y resucitado por nosotros, por nuestra salvación. No obstante depende de nosotros que aceptemos su obra. Es desde nuestras acciones y nuestra forma de amar como respondemos a Cristo y su obra de redención.

La resurrección no es una simple fiesta que hoy nos llena de gozo y esperanza. La resurrección es la vida plena en Cristo Jesús. Es aceptar la salvación y obrar en consonancia con esa fe que profesamos que debe ser siempre idéntica a la fe de Jesús.

Vivir la Resurrección




Al grito de “Jesucristo ha resucitado” respondemos “Verdaderamente ha resucitado”, los hermanos emausianos responden “En verdad resucitó”. Es una respuesta hermosa, vivificante, que nos ayuda a recobrar la esperanza, no obstante no debe quedarse sólo en una consigna.

Cuando decimos que ha resucitado es porque verdaderamente creemos que vive, que está entre nosotros, que es su amor y su fuerza la que nos empuja a diario. Que sólo por Cristo vivimos y en Él y con Él obramos.

Vivir la resurrección es vivir conscientes de que todo lo que hacemos es un signo vivo del Jesús resucitado. Es vivir y obrar tal como Jesús lo espera de nosotros y no es otra cosa que obrar cómo Él lo hizo y lo solicitó. Vivir en el amor.

Amarnos los unos a los otros, ser prójimos, ser hermanos, velar por los pobres y por los enfermos, acompañar a quien sufre, en una palabra: servir.

La resurrección de Jesucristo es un hecho que trasciende nuestra vida espiritual. Quien verdaderamente ha encontrado en Cristo a su Señor y acepta la locura de la Cruz (como la describe san Pablo), acepta también que su obrar es siempre una repuesta directa a la Salvación que Cristo nos ofrece.

Ese obrar parte del amor y se traduce en el servicio. Quien ama sirve, quien ama entiende, quien ama perdona y comprende. Quien entiende que verdaderamente Jesucristo ha resucitado, vive de tal modo que demuestra constantemente que Cristo vive en él.

Vivir la resurrección es vivir con gozo, con alegría, sirviendo desde el amor, conscientes de que cada día cada paso que damos nos acerca más ese encuentro definitivo que el Señor tiene preparado para nosotros.

¡Nuestra parroquia está de fiesta!




Sí, hoy estamos de fiesta y celebramos gozosos la “Resurrección del Señor”. Somos conscientes de que Jesús vive y que habita entre nosotros. Que es Él la fuerza que nos mueve y motiva a obrar.

En la parroquia “La Resurrección del Señor” todos somos servidores de un Cristo vivo que nos reúne y convoca. Un Cristo que cada día nos llena de su amor y nos impulsa a servirle desde el servicio a nuestros hermanos.

Hoy celebramos unidos este hecho “Jesucristo ha resucitado” y habita en nuestros corazones. Por ello cada día crecemos más, no sólo a nivel de construcción, sino de un modo pastoral.

Cada día son más los integrantes de nuestros apostolados, porque todos hemos sido llamados a servir desde el amor. Esta es nuestra respuesta a Jesús Resucitado: el servicio desde el amor.

Unidos a nuestro párroco vamos en la construcción de la Parroquia Ideal, modelo de las primeras comunidades de fe. Creemos firmemente que Jesús Vive, y junto a Él cada día nos movemos en una fe activa y sincera.

Si hoy celebras gozoso la Resurrección de Jesús, seguramente has logrado resucitar con él, has comprendido la importancia que tiene para la fe y para tu vida su resurrección y quizás ya has sentido su llamado a servirle y cómo lo  explica nuestro párroco a vivir como resucitado.

Vive con mayor gozo este día y esta pascua, pasando de la muerte a la vida a través de esa respuesta decidida y afirmativa al llamado de Jesús, como lo hizo María, nuestra Madre.

Hoy te invitamos a unirte a nuestros apostolados, a aquel servicio donde tus talentos y dones rendirán mejor fruto. Conversa con nuestro párroco y ubica al coordinador del apostolado que más te guste y comienza a vivir la alegría de la Pascua desde el servicio.

¡Felices Pascuas de Resurrección para ti y los tuyos y no lo olvides “Jesucristo ha resucitado”!


 María Luisa Angarita
Pastoral de Medios de Comunicación
Parroquia "La Resurrección del Señor"

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