martes, 23 de junio de 2020

Desmitologizando II

“La Iglesia no se debe meter en política”



El diccionario de la Lengua Española define la palabra “mito” de diferentes maneras. Quizá la más común es la que ve el mito como una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Pero también se le define como la persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene.

Son ideas que nacen en el seno del pueblo y que carecen de un asidero histórico; se repiten sin pensar hasta que se asumen como verdad. Es en esta aserción como deseo hablar de “desmitologizar”. Es decir, desmontar un andamiaje que se ha ido creando con el tiempo sobre supuestas verdades que no lo son tanto. Supongo que ocurre aquello de: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” (dicho sea de paso eso también es un mito…)

Al igual que en mi artículo anterior, desearía desmontar este mito de la Iglesia y la política enumerando mis ideas.

1.- La Iglesia

En el común de los casos cuando hablamos de Iglesia nos referimos a quienes ostentan el sacramento del orden junto con quienes se han consagrado y pertenecen a alguna congregación religiosa. Es decir, a sacerdotes (Papas y obispos) y religiosas o religiosos. Pues bien, la palabra iglesia viene del griego (eclessía) y significa o hace alusión a la asamblea de los congregados.

En nuestro caso nos referimos a todos los bautizados que, según san Pedro formamos “piedras vivas”: “también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1Pd. 2, 5).

Así pues, todos los convocados o los bautizados somos Iglesia. Hay quienes ven la Iglesia conformada en dos grandes partes. Por una parte está la jerarquía formada por el Papa, obispos, sacerdotes y diáconos y por otro están los laicos que vienen a ser los “cristianos de a pie” y que además constituyen más del 98 por ciento de toda la Iglesia. Cuando se afirma sin más que la Iglesia no debe meterse en política se quiere decir que los “curas” (el Papa, los obispos y los sacerdotes) no deben hacerlo.

La cuestión es que quienes nos hemos consagrados por el bautismo y más aún por el sacramento del orden tenemos la grave responsabilidad de ser profetas al estilo de Cristo profeta. Profeta es aquel que anuncia y denuncia. Los consagrados no estamos ajenos a la realidad que nos circunda y pesa sobre nuestros hombros la responsabilidad de ser voz de quienes a veces carecen de ella. ¿Cómo callar ante las injusticias de la que todos somos víctimas? ¿Cómo ser indiferente ante los graves problemas sociales que nos afectan? Todos los sacerdotes, al igual que Cristo Sacerdote, tenemos que alzar nuestra voz pues de lo contrario nos exponemos en convertirnos en cómplice de los desmanes de los poderosos contra los débiles.

2.- La política

Ya decía Aristóteles que el hombre es un “animal político”. La polis es también un vocablo que proviene del griego y significa ciudad. La política se refiere al hecho de la vida en sociedad; a la necesidad de la interdependencia e interacción que existe en la raza humana; la política habla de ciudadanía y civilización.

La palabra hace alusión a la manera cómo los miembros de una sociedad se ponen de acuerdo para una mejor gobernabilidad. Lo cierto es que no existen hombres aislados de los demás. Civilizarse tiene mucho que ver con convertirnos en ciudadanos y esa es la gran tarea de la política. Ahora bien, ¿cómo pretender prohibirle a una institución humana eminentemente social que se abstenga de opinar en asuntos que le son inherentes? Más aún cuando la misión de esa institución es la de instaurar el Reino de Dios en la tierra.

La Iglesia desde sus inicios habla de la civilización del amor y está empeñada y comprometida en impregnar el mundo de Cristo como la levadura fermenta la masa (Mt. 13,33ss).

Por todo lo dicho hasta ahora no solo no se le puede prohibir a la Iglesia no meterse en política, sino es que, todos los cristianos estamos obligados a “invadir” o “contagiar” desde dentro toda institución humana para impregnarla del mensaje salvífico de Cristo. Hemos de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que nuestra sociedad descanse en principios como la honradez, la justicia, la pulcritud administrativa, la piedad y el bien común...

3.- Lo que sí nos está prohibido a los consagrados es tomar partido por fracciones políticas o militar activamente en partidos políticos

No es conveniente que los ministros de la Iglesia “se casen” con gobierno de turno o con quienes representan a la oposición. Es cierto que a lo largo de la historia (y aún hoy) algunos representantes eclesiásticos se han dejado llevar por sus inclinaciones políticas y se han manifestado abiertamente a favor o en contra de una tendencia.

Ha sido un craso error que se ha pagado caro pues eso ha llevado a identificar a la Iglesia con un estilo de gobierno. Nuestra misión es eminentemente universal. El Reino que Cristo predicó es para todos y no solo para una parte de la humanidad. Jesús no hace distinción a la hora de ofrecer su salvación a los hombres y del mismo modo la Iglesia está comprometida a hacerlo. Cuando se habla desde el púlpito del pueblo más humilde o cuando se escribe desde la sede de San Pedro se hace para todos los hombres sin ninguna distinción.


4.- ¿Qué se pretende?

Considero que cuando algunos voceros de los partidos políticos gritan a todo pulmón que la Iglesia no debe meterse en política lo hacen solo por mera conveniencia. Es curioso que muchos de esos que critican a los sacerdotes u obispos cuando cumplen con su misión profética de anunciar o denunciar son los mismos que citan a las palabras de los pastores de la Iglesia para defender sus ideas o sus derechos.

Recuerdo un caso emblemático de uno de estos personajes tristemente célebre que despotricaba de los obispos de una nación y que cuando se le apresó fue precisamente a un obispo a quien mandó llamar para que garantizara su vida. Si la Iglesia en sus ministros más inmediatos no se hubiera metido en política ¿cuánta sangre inocente no se hubiera derramado a lo largo de la historia y especialmente durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Cuánta injusticia y dolor no se ha podido evitar precisamente porque es la Iglesia la que goza de confianza entre las partes de conflictos armados?

5.- En lo personal creo que la Iglesia, es decir, el conjunto de todos los bautizados y especialmente los laicos, estamos obligados a meternos en política

Es un derecho y un deber al cual jamás deberíamos renunciar. El Papa Francisco ha dicho: “Ante la cultura de la ilegalidad, de la corrupción y del enfrentamiento, estáis llamados a dedicaros al bien común, también mediante el servicio a la gente que se identifica con la política. Ella, como afirmó el beato Pablo VI, “es la forma más alta y exigente de la caridad”.

Si los cristianos se eximieran del compromiso directo en la política, sería traicionar la misión de los fieles laicos, llamados a ser sal y luz en el mundo incluso a través de esta modalidad de presencia. (30 de abril de 2015). Ojalá y cada día más cristianos comprometidos y convencido de su fe se dedicaran a la política. De ese modo ocuparían cargos claves personas que no se prestarían para la corrupción ni tampoco permitirían que reinara la impunidad que es en definitiva la razón por la que muchos delinquen.

“Debemos participar en el bien común. A veces hemos oído decir: un buen católico no se interesa en la política. Pero no es verdad: un buen católico toma parte en política ofreciendo lo mejor de sí para que el gobernante pueda gobernar. (P. Francisco 16 de septiembre de 2013)

Pbro. David Trujillo

martes, 2 de junio de 2020

Desmitologizando I


“Ser creyente es propio de la gente ignorante”


Subyace en el ambiente de ciertos estratos sociales y, especialmente en el mundo de la academia, la idea de que la fe es cosa de ignorantes, gente pobre, mujeres o niños. Eso trae a mi memoria lo que dice San Pablo en una de sus cartas: “Pues considerad, hermanos, vuestro llamamiento; no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte” (1Cor, 1, 27).

Pero esta idea de San Pablo está más relacionada a las palabras de Jesús de Nazaret cuando afirma que: “Dios ha ocultado estas cosas a los sabios y entendidos para revelárselas a la gente sencilla” (Mt. 11, 25). Es decir, lo que se afirma es que el verdadero sabio es el humilde independientemente que sea inteligente o no.

En efecto, se ha vuelto recurrente hoy en día ver a muchos ateos tachando de “ignorantes” e “incultos” a quienes creen en Dios, como si creer en Dios fuese propio de personas sin cultura, sin formación o faltos de educación. Algunos incluso consideran que la fe es incompatible con la ciencia y, por tanto, niegan que un científico pueda ser una persona creyente.

Es este “mito” lo que me ha llevado a investigar y escribir estas líneas. Quisiera demostrar con hechos concretos lo equivocado que están aquellos que afirman que un verdadero científico no puede más que ser ateo. Este dilema no es nuevo; desde hace mucho se viene hablando de la supuesta incompatibilidad entre la ciencia y la fe. Desearía enumerar mis ideas e irlas desarrollando poco a poco:

1.- “UN CIENTÍFICO NO PUEDE SER CREYENTE”

Si nos ponemos a hurgar la historia nos toparemos conque a lo largo del tiempo han existido y existen hombres de ciencia que han sido grandes creyentes. Cuando hablo de creyentes no me refiero solo a cristianos (católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes) sino hombres que han profesado otras creencias religiosas (islamismo o hebraísmo) y en cuya fe se han fundamentado para descubrir verdades científicas que han transformado al mundo. 

Nombrarlos a todos sería imposible, solo haré mención de unos cuantos, quizás los más reconocidos.

  • El primero de ellos es Louis Pasteur (1822–1895). Químico y bacteriólogo francés, profesaba el catolicismo.

  • Gregor Mendel (1822-1844). Naturalista austriaco; sacerdote católico.

  • Alexander Fleming (1881-1955); científico británico. Era católico y fue Premio Nobel de Medicina en 1945 por descubrir la penicilina.

  • Francis Collins, fue quien dirigió el proyecto del genoma humano.

  • Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955). Paleontólogo francés; sacerdote jesuita.

  • José Gregorio Hernández (1864-1919). Médico y científico venezolano; fue un laico comprometido y está en proceso de beatificación…

Y esto por nombrar sólo a unos cuantos cristianos católicos. No obstante, es cierto que existe un gran número de científicos ateos (o al menos declarados agnósticos) pero no es prueba concluyente para afirmar que la ciencia está reñida con la religión dado que son muchos quienes han alcanzado los más altos laureles de la ciencia y han sido insignes creyentes.

2.- “LA CIENCIA Y LA RELIGIÓN HAN SIDO ENEMIGOS DESDE COMIENZOS DE LA HUMANIDAD”

Esta afirmación injusta y descontextualizada se debe a momentos puntuales en los que algunos voceros de la Iglesia o representantes religiosos han querido imponer ciertas ideas reflejadas en la biblia y que no tenían asidero en la ciencia.

De hecho no pocas veces se le ha tachado a la Iglesia de ser “oscurantista” porque algunos de sus representantes han desestimado ciertos descubrimientos o teorías científicas que, a simple vista contradecían lo que se había transmitido por la religión.

Ejemplo de ello es la supuesta disputa entre la teoría creacionista y la evolucionista. Hoy día podemos afirmar sin ambages que eso forma parte de una etapa superada.

Sin deseos de descalificar otras religiones (como el Islán) se sabe que algunos “religiosos” (yo los llamaría fundamentalistas) desaprueban la educación para las mujeres. También durante la edad media en el seno de la Europa católica a la mujer se le prohibía ingresar en las universidades o formarse como lo hacían los hombres. No obstante, me parece un anacronismo juzgar con los ojos de hoy la manera en que pensaban o actuaban nuestros antecesores. En todo caso es en el mismo seno del catolicismo donde mayor apertura ha encontrado la figura femenina.

3.- “LA IGLESIA ES OSCURANTISTA”

Cuando se habla del oscurantismo de la Iglesia es inevitable traer a colación problemas o conflictos como los de Galileo Galilei o los suscitados con Charle Darwin. La palabra oscurantismo puede tener dos lecturas principales. La primera es esa “reticencia” o negación eclesial de abrirse al mundo científico o ver en los adelantos científicos iniciativas diabólicas que atentaban contra fe.

Se ha dicho que la Iglesia a toda costa ha impedido el avance de las ciencias y de la medicina. A la Iglesia se le acusa de haber sido la causante del atraso intelectual al propiciar la quema de libros de ciencia y arte provenientes de la fe hebraica o islámica. Las teorías copernicanas (s. XVI) o la heliocéntrica (Galileo) existían en las mentes de otros científicos incluso antes de Cristo, pero gracias a la Iglesia y a su oscurantismo no se aceptaron en occidente sino muchos siglos después.

La otra lectura de este oscurantismo es la de pretender ocultar la verdad; la de mantener en la penumbra aquello de lo cual solo ella es celosa administradora. Viene a ser el mundo de lo misterioso o desconocido.

Unido a esta última idea subyace lo de ocultar todo lo que pueda suscitar un escándalo en su propio seno. Ejemplo de eso es lo que últimamente ha salido a la luz pública en relación a la pederastia; un escándalo que se venía presentando desde hace décadas en varias partes del mundo.

En referencia a la primera aserción de la palabra “oscurantista” habría que recordar los grandes aportes que, en el mundo de la academia ha hecho la Iglesia.

La universidad nace en el seno de la Iglesia y la educación en occidente hunde sus raíces en la institución eclesial. Las primeras escuelas se fundaron en torno a las parroquias. Siempre ha existido en la Iglesia la preocupación por educar especialmente a los que menos tienen; a los más pobres y desfavorecidos. Las bibliotecas es un legado de los monasterios de la edad media.

La fe cristiana ha sido la grande difusora y el mentor principal de la cultura del mundo occidental. Si se quiere ser justo y veraz hemos de reconocer que, a pesar de los desaciertos y errores cometidos, culturalmente hablando somos lo que somos gracias a la Iglesia que muchos tachan de oscurantista.

En referencia a la segunda aserción de esta palabra no podemos olvidar que la Iglesia tiene el encargo de administrar y dispensar la gracia que el mismo Cristo nos comunica. Es esta realidad la que hace aún más reprochable todo escándalo que nace de cualquiera de sus miembros y aún más de sus ministros; “a quien más se le dio más se le exigirá” (Lc. 12, 48). No se puede justificar ningún pecado y menos aquellos que provienen de quienes han de ser modelos del rebaño. No obstante, recuerdo a mis lectores que solo Dios es el Justo Juez y que nadie está exento de caer.

Quiera Dios y los errores cometidos nos ayuden a reparar los daños causados y curar las heridas profundas que se han originado y que no sea esa la excusa para dejar de creer en Quien “ha venido a traer vida y vida en abundancia”. (Jn. 10,10).

Además, siempre que hablamos de estos hombres indignos lo hacemos como excepción y jamás como el común denominador. Es lamentable que acciones y malos ejemplos de una minoría puedan opacar la vida de grandes santos y gente de bien.

Pbro. David Trujillo